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Estrategia 6 min de lectura2 de junio de 2026

Lo que descubrí cuando leí las 180 reseñas de mi bar de tapas de una sola vez

Sonia Guerrero, dueña de un bar de tapas en Bilbao, leyó todas sus reseñas de Google en un enero aburrido y encontró patrones que cambiaron su carta y su distribución de mesas.

Fue en enero. El mes malo por excelencia en hostelería. Un martes por la tarde sin casi nadie. Me senté con un café y abrí Google Maps en el portátil. Tenía 180 reseñas acumuladas en cuatro años y nunca las había leído todas de una vez, solo las que me notificaba la app de cuando en cuando.

Me costó hora y media leerlas todas. Fue una de las tardes más raras de mi vida profesional.

Lo primero que me sorprendió: las croquetas. Aparecen mencionadas en 47 reseñas. Cuarenta y siete. Yo sabía que eran populares, pero no tenía ni idea de que eran LA razón por la que mucha gente venía. Hay una reseña que dice literalmente: "Vine por las croquetas de mi amiga y ya no paro de volver." Otra: "Las mejores croquetas de Bilbao, no hay discusión." Y así cuarenta y cinco más.

¿Tenía yo las croquetas en un lugar destacado de la carta? No. Estaban en "entrantes fríos y calientes", en el medio de la página, sin foto, con la misma tipografía que los boquerones. Ese mismo mes les hice una foto en condiciones y las puse en la portada de la carta con la frase "las croquetas de la Sonia" y un asterisco que decía "4 años siendo lo más pedido". Las ventas de croquetas subieron un 34% en febrero.

Lo segundo: las mesas. En doce reseñas distintas, escritas por doce personas que claramente no se conocen, aparece alguna variación de "las mesas están muy juntas" o "es un poco estrecho". Doce personas. En cuatro años. Y yo nunca me había parado a pensar en eso porque desde dentro del bar no lo ves igual.

Le pedí a mi sobrina que viniera un sábado a comer sin avisarme. Le dije que se sentara donde quisiera y que me contara. Me dijo: "Soni, cuando se levantan los de la mesa de al lado tienes que quitarte para que pasen." Reorganicé dos mesas. Perdí cuatro sillas. Pero las siguientes reseñas empezaron a mencionar lo "acogedor" que era el sitio en lugar de lo apretado.

Lo tercero fue más inesperado: nadie mencionaba el vino. Tengo una selección de txakoli y vinos del País Vasco de la que estoy orgullosa, que actualizo cada temporada. En 180 reseñas aparece mencionada dos veces, y una de ellas es para decir "pregunta por el vino, que tienen cosas interesantes." Invisible.

Empecé a formar a los camareros para que lo mencionaran al traer la carta. "Tenemos txakoli de productores pequeños del Bizkaiko, si quieren les cuento." El ticket medio subió 3,20 euros en dos meses solo con eso.

Leer las reseñas de seguido es como que cien personas te digan la verdad sobre tu negocio al mismo tiempo. Duele un poco. Pero vale mucho.

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